domingo, enero 27, 2013

EL FACTOR GROTESCO. MUSEO PICASSO MÁLAGA



Entro en la exposición denominada El factor grotesco. Al comienzo hay un panel que explica un poco el concepto de la muestra. El factor grotesco reúne obras de los últimos cinco siglos y de más de 74 creadores. Me digo, bueno, o dices más de 70 creadores o dices la cifra exacta, demonios, pero ¿más de 74 creadores? Parece que cuando hicieron el recuento el responsable dijo: creo que son 74 o 75, quizás 76. Bueno, diría el comisario, ponemos más de 74 y seguro que acertamos. Grotesco, me dije, ni siquiera saben cuántos creadores han reunido en la exposición.
Con el ánimo intacto, me entero que la génesis de este término en el ámbito artístico proviene de las paredes pintadas de la Domus Aurea, en Roma, que datan del tiempo de Nerón (siglo I). Según folleto: “Se encuentran en estos muros imágenes ingrávidas de seres híbridos, además de composiciones de arquitectura inverosímil.” Ni rastro de alguna imagen de dichas decoraciones. Si aún existen grotesco, me digo, si no, doblemente grotesco, por no decirlo. Sin embargo este panel introductorio lo acompaña un enorme mural repleto de garabatos en los que aparecen los numerosos artistas que conforman la exposición. Miro por todos lados la firma del autor. No la encuentro -sospecho que debe ser el mismo que hizo el recuento del principio-. Sí, lo han adivinado, grotesco.
Me quedo con la definición –o intento- que se adelanta de lo grotesco: “Está fuera del espacio dicotómico que constituyen la belleza y la fealdad”, la risa y el llanto, la empatía y el escarnio, el espanto y la ternura, el rechazo y el abrazo de lo que somos. Según el texto lo antitético de lo grotesco sería la gracia. Empiezo a dudar de que alguien en el museo conozca qué demonios significa el factor grotesco. No pregunto, me limito a ver las obras. Los grutescos ornamentales los vemos en unos grabados de Enea Vico y Tomaso Barlami. Antes hemos disfrutado con unos dibujos a lápiz de grafito sobre papel verjurado crema de Giovanni de Udine (1487-1564), procedentes de la Biblioteca Nacional de España, y con los aguafuertes de Wenzel Hollar (1607-1677) de la Universidad de Lieja. Unas cabezas grotescas de Esmirna del Louvre nos ponen sobre la senda de los inicios de lo grotesco, o al menos de la caricatura. Son pequeñas figurillas deformes que quizás deberían dar el pistoletazo de salida a la muestra -¡al menos por el orden cronológico!-. Ya, estoy pidiendo demasiado. Uno de los platos fuertes es un dibujo de Leonardo. Es el dibujo a tinta con pluma Dos perfiles grotescos enfrentados. El primer óleo es Las tentaciones de San Antonio del Prado de El Bosco. Extraordinarios son los grabados que hiciera Pieter Van der Heyden según Brueghel sobre Los siete pecados capitales, del British Museum. Es este un tema muy recurrente a lo largo de las salas. Como la serie de Los pecados capitales de James Ensor fechados en 1904 (de una pericia técnica insuperable) y los aguafuertes de Jacques Callot (1592-1635) de la Biblioteca Nacional. Los caprichos de este autor fueron fuente de inspiración de Giacometti.
Podemos ver algunos caprichos y disparates de Goya. Muy socorrido Goya para estos temas grotescos. Magníficos –ahora no vamos a descubrir a Goya- Aquellos polvos, Por qué esconderlos, El sueño de la razón, Volaverunt, y los disparates Disparate de carnaval, Bobalicón, Modo de volar y Disparate ridículo. Me gusta el pequeño cuadro atribuido a Watteau de El mono escultor, del museo de Orleans, una pieza que recuerda al mono pintor y al mono anticuario de Chardin, ambos incluídos en esa particular temática denominada singerie (monería) de la que hicieron uso desde David Teniers hasta el propio Goya en alguno de sus caprichos.
Hay mucho material gráfico en la exposición. Desde las acuarelas de George Grosz (1893-1959) como La disputa de 1922, o la inquietante Fantasmas, de 1934, a los dibujos a tinta china y acuarela de Alfred Kubin (1877-1959), Miércoles de ceniza (muy solanesco, si me permiten la comparación) y la extraña Metamorfosis de 1906 (¿se está convirtiendo en un pulpo o qué demonios es eso?). Es inevitable pensar en el relato de Kafka, publicado sin embargo en 1915, por lo que es obligada hacerse la reflexión de si Kafka conocía esta acuarela de Kubin. De todos modos es curioso que la edición de Valdemar de los Cuentos completos, de Kafka estén presentados con un grabado de Kubin. Más obra gráfica: 42 grabados de Dalí para Los cantos de Maldoror. Dalí incluye algunas imágenes de Mollet (el Angelus, como dice texto explicativo, pero también Las recolectoras) entre otras imágenes de auténtica charcutería humana. Unas acuarelas de Otto Dix (adonde va Grozs va Dix, ya se sabe), Doncella en domingo de 1923 y Madre meretriz.
Sorprendente la escultura de Daniel Spoerri en bronce, El fruto maduro de 1991, de la Galería Henze de Berna. Hay algunos Magritte como El perfume del abismo (1928), y el más conocido La bella sociedad de 1966, aunque también se incluye una obra de su época Vache (a partir de 1948), cuando de alguna manera se vengó de los intransigentes surrealistas con unos cuadros basados en la cultura popular, los dibujos animados y la caricatura (¿Suficiente para ser grotesco?).
Hay dos grandes fotografías (manipuladas con portaminas) de Arnulf Rainer (n.1929) La sabiduría de la vejez mirando al vacío, 1970, y Dieter Roth haciendo de Picasso. Me cae bien este Rainer, y el método utilizado da un resultado interesante. Hay algunos cuadros de la casa de Picasso, un magnífico De Kooning y una obra escultórica de Roy Lichtenstein. Dos enormes óleos de Philip Guston de su etapa post-abstracta (después de 1960 y con la que cayó en desgracia entre los círculos de los expresionistas abstractos Pollock y cia.), titulados Agresor, de 1978 (dos caras enfrentadas a nivel de los ojos con tonos rosas y blancos que asemejan cerebros desparramados), y La mano del pintor (igual sensación matérica y colorista).

Cómo no iba estar Francis Bacon, el pintor de lo grotesco por excelencia, un retrato del Papa Inocencio X sobre la obra de Velázquez (hay también una estampa caligráfica de Ribera, m.1802, sobre Un enano de Velázquez), y una litografía Tríptico Agosto, de la Galería Marlboro de Madrid. Sin embargo lo más impresionante del irlandés es una Figura sentada, de 1984, un óleo que son trazos en negro sobre el lienzo sin preparar. Y ya estamos frente a Solana, autor de la España negra, y sus Máscaras bailando del brazo, de 1938, y la naturaleza muerta La baraja de la muerte de 1927 (qué bueno era Solana, me digo).
Hay un pequeño apartado dedicado al fotomontaje dadaísta con obras emblemáticas de Ana Höch (recordemos cómo Natalia Bravo nos decía en su Sobre el Fotomontaje Dadá cómo “Höch, embelesada en 1916 con las tesis sobre la Nada creadora (una especie de unificación de los contrarios o “equilibrio relativo de las polaridades”) de su colega Salomon Friedlander, quiere establecer firmes conexiones conceptuales entre la física relativista y la filosofía de su amigo Mynona (pesudónimo de S.F. como escritor de Grotescos): Dadá cordial, 1919, Panorama dadá, 1919, y Mis lemas domésticos, 1922; Kart Schwitters (Pequeña velada dadá, 1922, y Héroes de lo cotidiano); y Karl Valentin (El tugurio de Karl Valentin, 1916, Jarro de cerveza, 1920).
Tampoco podía faltar Ensor y sus máscaras: Máscara cantantes, de 1929, y Máscaras contemplando una tortuga (que podría suponerse como una grandilocuente metáfora sobre la pérdida de tiempo), y también Señor y señora Rousseau hablando con Sophie Yoteko, de 1892 –un ejercicio de virtuosismo del gran James-.
En la última sala de la primera planta están los espléndidos grabados de HOgarth Los cuatro momentos del día (1745) y Matrimonio a la moda (1764), un Pierrot haciendo muecas de Gustav Doré (1832-1883) y un Risueño, espectacular, del círculo de Aert de Gelder (1645-1727), un magnífico cuadro que combina la temática de Hals con la técnica de Rembrandt. También están aquí (¡hasta el 10 de febrero tan solo!) los Boilly, Un palco, un día de espectáculo gratuito -eso es lo que yo creía cuando vine aquí, ¡que sería gratuito!-, óleo de 1830, y El efecto del melodrama de 1830, ambos sobresaturados en la iluminación.
Ya en la sala de abajo Thomas Schütte nos presenta a sus sorprendentes Viejos amigos (¡plastilinizados!) de 1992, los enormes Baselitz, El contramaestre y El revisor de 2005, dos caras bocabajo realizados con técnica suprapuntillista, de lo peor que he visto del germano, y los fabulosos chinos de Juan Muñoz en Cuatro riéndose unos de otros, de 1999, sobre unas escaleras.
Reflexión final:
No me convenció el hilo conductor de la exposición, el concepto grotesco no quedó bien definido y se va caprichosamente de lo caricaturesco (Leonardo, Boilly, Goya)  a lo deforme (De Kooning, Baselitz), lo terriblemente humano (Bacon, Klee), lo surrealista (Magritte), lo carnavalesco (Ensor), la crítica social (Hogarth, Boilly, Solana, Goya), lo simbolista (Kubin,), o lo esperpéntico (¡las muñecas de Hans Bellmer, 1902-1975, dan miedo!), etc…
Claro, ustedes dirán, pero es que lo grotesco aparece en todos ellos, y el propio tríptico confiesa las dudas de la consideración de lo grotesco en el arte, la importancia de la época y el tránsito social del momento, pero ¿es esto una justificación? Parece más bien que el campo de investigación que se debía haber llevado a cabo ha quedado en una simple recolección de obras variopintas. Yo diría que lo grotesco se deja ver en algunas piezas, en otras se intuye, en otras no aparece por ningún lado, y en general la sensación que deja la exposición es de intento fallido.
Me quedo finalmente -y advierto que desconfío de mi propia reflexión la cual debe ser un disparate que roza lo grotesco- con la idea de que esta exposición es una excelente oportunidad para ver algunas obras extraordinarias (Ensor, Solana, Goya, Muñoz) y otras no tan extraordinarias pero de un indudable valor histórico artístico como los Boilly, Höch, Rodolphe Bresdin (su increíblemente detallado El buen samaritano, de 1861), Kubin, etc…, por lo que, sin duda, merece la pena una visita.

2 comentarios:

espasua dijo...

Hoy he estado en el MPM y he llegado antes de tiempo la exposición se podía visitar de forma gratuita, así que para el próximo domingo a las 18 h.
Saludos.
jp

kovalski dijo...

me pasó igual que a ti, jp, llegué a las 4 porque creí que era gratis todo el domingo como antes, pero bueno, al menos no había aglomeración de gente y se podía ver bastante bien la exposición (4,5 euros mediante, claro), a propósito, ¿qué te pareció la expo? saludos